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Autoestima
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09.11.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px} Dice Eduardo Galeano que el amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas que hay. Dice que a los que estamos enfermos de este bien se nos reconoce por los abrazos y por la necesidad de decir estupideces.  Me permito añadir a esta grandeza que hablar de amor con Mayúsculas es tan satisfactorio que, aunque se disfrace de estupidez, llena la boca de saliva y el corazón de emoción. Es algo tan sabroso, suculento y rico que inunda a la vez que satisface. Podríamos probar a pintar nuestra vida con él para sentir más el calor de su color. Dice que se puede provocar si se deja caer un puñadito de polvo de “quererme” en el café. Pero no se puede impedir ni con agua bendita, ni polvo de hostia o diente de ajo.  Describe maravillosamente Galeano como el Amor es sordo a todo, a Dios, al conjuro de las brujas, a los decretos del gobierno, a las pócimas y los brebajes, aunque estos tengan garantía de éxito.  Hay escritores que son capaces de envolver con sensaciones y “desdudar-me”. Hay palabras que siento redondas, cálidas, reconfortantes y de las que nací. Hay un todo más amoroso y profundo del que no quiero escapar porque me llena de sentido.  Pues aquí estoy, infectada de esta enfermedad y queriendo contagiar.
21.10.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica; min-height: 22.0px} span.s1 {font-kerning: none} ...y con Diego me quedo. Cada edad puede convertirse en una barrera o en una liberación. “Esto no lo puedo hacer, ya no tengo edad” o “ahora me lo permito porque me salto los prejuicios y el que dirán” . Ir avanzando y decidir qué nos sirve en cada momento forma parte del aprendizaje de cada persona, en el caso de que quiera aprender, claro está. Algunas edades por ser más redondas muestran con más vehemencia estas inflexiones.  Cincuenta es un número bastante rotundo, que hace mirar a las primaveras vividas y sobre todo, enfrenta a lo que queda y para qué sirve el tiempo.  Hace poco me encontré a una mujer, compañera, amiga, persona querida que también ronda esta edad. Ella siempre había mantenido su preferencia por parejas mayores de las que pueda aprender y no traigan complicaciones. “ A los chiquillos que los cuide su madre” solía decir para referirse a hombres menores que ella. Esta fantástica mujer, que por cierto está estupenda-estupendísima, seguro le resulta atractiva a un rango de edad muy amplio e incluso a ambos géneros.  Pues me la encuentro paseando de la mano con un juvenalia tremendamente guapo. Inicié una conversación cortés y cariñosa con ella para dirigirme después hacia su acompañante y preguntar: “…y este caballero, que te acompaña?” “Me llamo Diego, contestó. No soy caballero, soy policía y tengo las esposas en el bolso para detener a quien haga falta.” Abrió un bolso bandolera que traía para mostrar artilugios (de usos varios para quien tenga imaginación) a la atónita que escribe esto.  La miré con asombro en la cara. Ella me guiñó un ojo al decirme: “Ya ves Geni, ahora soy más flexible y permito que el aprendizaje venga de otras fuentes”. “Bueno, se trata de madurar en comprensión” dije yo y con un sentido abrazo, nos despedimos deseándonos sinceramente todo lo mejor.  Cómo no hay foto del Diego bien parecido que aparece en la historia, pongo la foto de la flexibilidad de una de mis hijas, que bien se lo merece.  Es imprescindible cuestionarse nuestras creencias para ser elásticos, adaptables y aprender.  Siempre desde el Amor. Foto de Daniela Roces Lombardero.
14.10.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica; min-height: 22.0px} span.s1 {font-kerning: none} Se promueve la autosuficiencia y no hace mucho tiempo se animaba a dejar que los bebés se consolaran solos. Se creía que el exceso de afecto hacía niños consentidos y los convertiría en adultos problemáticos e inadaptados: “ No lo cojas de la cuna, que se acostumbra” “ Déjalo llorar que eso expande los pulmones”. En los hospitales se aislaba los niños de sus familias o se veía a los bebés a unas horas determinadas, siempre insuficientes para llenar de amor sanador el alma nueva y alimentar el poderoso hilo del vínculo. Existía la creencia, aún coletea por ahí, que el afecto, el contacto, las muestras de cariño debían suprimirse o dosificarse al máximo. Los padres si querían educar en la fortaleza a sus hijos, tenían que mantener un cierto grado de distancia con ellos. Esta creencia mantiene que el exceso de amor materno, hace a las criaturas asustadizas y dependientes. Se observó, por otro lado, que aún teniendo las necesidades básicas cubiertas (alimento, bebida, limpieza), las que que carecían de una figura de apego, no se desarrollaban con normalidad.  A primera vista puede parecer un contrasentido de la Independencia:  Amor y Libertad. En realidad se hace necesario un apego sano con nuestras figuras de afecto porque éste es beneficioso y propicia una personalidad sana, madura y autónoma. Estudios con personas adultas mostraron, con resonancia magnética, como la presencia de la pareja ayuda a regular la presión sanguínea, el pulso, la respiración y los niveles de hormonas en sangre.  La dependencia sana es un hecho, no es una opción o una preferencia. Nacemos con necesidad de amor porque somos seres sociales que buscamos el calor de otros como alimento. Cuando escogemos pareja siempre hay dependencia. Es necesario que ésta ayude en nuestro bienestar emocional y psicológico. Vital también es comprender que la verdadera independencia nace de saber que contamos con alguien que nos apoya.  Ese alguien que respalda, nos incluye a nosotros mismos. Dependemos del amor.
06.09.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica; min-height: 22.0px} Nos perdemos muchos momentos de la vida por estar con la cabeza en otro sitio, tal vez pensando en lo que deberíamos haber hecho o viendo realizadas las innumerables amenazas de un futuro incierto. Podemos ser nuestros jefes más estrictos, nos juzgamos constantemente y pasamos muchas horas extras rumiando sobre lo qué pasaría si hubiéramos actuado distinto o qué ocurrirá si tomamos una futurible alternativa y no la otra. No recordamos dónde hemos dejado el coche aparcado, si hemos cerrado la puerta de casa o qué hemos comido. Estamos distraídos cuando nuestros hijos nos hablan y generalmente consideramos que nos faltan cosas para poder ser felices.  Siempre hay una pieza que necesitaríamos para llenar el puzzle del bienestar: salud, tiempo, paz, dinero, éxito, propiedades, ayuda, satisfacción, logros…Nos regalamos la utopía de que cuando tengamos “eso” o termine “aquello”, todo será perfecto. En el fondo sabemos que las cosas no funcionan de esta manera, que siempre hay algo que nos sobra, molesta o hace daño y  seguiremos sintiendo que nada es suficiente.  La mente no es muda y nos recuerda constantemente los miedos, el trabajo sin hacer, la discusión con los padres, el enfado con el compañero, eso que debería hacer la pareja, si hay pagos pendientes y... todo lo que podría salir mal. Las preocupaciones son totalmente legítimas y personales pero si nos sumergimos en ellas pueden arruinarnos cualquier instante. El gozo muere por ahogamiento en el mar de la inquietud.  Hay cuestiones muy básicas y poco originales que sin embargo deberíamos recordar siempre. El pasado no se puede cambiar y el futuro, aunque podemos hacer conjeturas sobre él, no somos capaces de predecirlo. Darse cuenta de esto, del gran  poder de nuestros pensamientos sobre todo lo que hacemos, no hacemos o sobre lo que sentimos, es un gran paso hacia vivir el presente. Esa frase tan repetida pero tan poco fácil de realizar porque a la vuelta de esta palabra nos dejamos enredar por cualquier emoción contractiva que nos surja. Más aún, nos creemos las teorías que aparecen en la pantalla de la mente y dirigimos nuestras propias películas. Qué está muy bien si las podemos capitalizar, como Amenábar o Almodóvar, pero poco adecuadas para evitar el sufrimiento. Vivir desde la serenidad, independientemente del entorno, es posible si se entrena la mente. Estamos rodeados por un universo de estímulos, de tareas, de jornadas con actividades intra y extra, de responsabilidades varias que evitan el sentir de ser dueños de la vida, sino que ésta nos arrastra.  Consideramos injustas las circunstancias que nos tocan pero, lejos de quejarnos, tenemos la opción de elegir. Podemos abrir los ojos para descubrir un camino diferente. Una manera de vivir que se convierte, con la práctica, en actitud. Una disposición a la apertura y al baile con lo que va surgiendo en cada paso.  Hay que aceptar la música, adaptarse, volverse flexible para que la danza con la vida se convierte en algo intenso y tremendamente interesante.  ¿Quieres bailar?
17.08.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 12.0px 0.0px; font: 16.0px Times; color: #575756} span.s1 {font-kerning: none} Unas preguntitas al final del texto para la autoindagación. Algo ligero pero que lleve a la reflexión y a un posible giro en la manera de conducir la vida.  Las emociones nos mueven a la acción, de hecho la palabra deriva del latín “emotio”, que significa movimiento o impulso.  Las hay agradables y otras poco gratas pero aunque las etiquetamos como “buenas” o “malas”, todas tiene una función importante: la supervivencia.  El miedo a un amimal que se abalanza de manera imprevista sobre nosotros hace que reaccionemos con rapidez dando un salto para salvar la vida. El enfado cuando alguien se cuela delante de nosotros en una cola puede hacer que reclamemos nuestra posición y no nos dejemos avasallar, defendiendo nuestro espacio físico, psicológico  y nuestro autorespeto en el mundo. La tristeza ante la pérdida de un ser querido permite que otros nos abracen y consuelen, lo que nos recuerda que no estamos solos en el mundo. La alegría nos permite reír con los demás y fortalecer vínculos con nuestro grupo, familia y amigos.  Podemos reconocer que los estados de ánimo internos se reflejan en ciertas señales corporales y cómo, retomando su sentido etimológico, “nos mueven”. Somos seres emocionales, no hay ninguna duda y de cómo nos relacionemos con ellas, depende “hacia dónde” nos movamos: podemos ir hacia la serenidad y el bienestar, o caminar hacia el abismo del miedo y el vacío absurdos.  Por eso es tan importante el modo que las gestionamos. Saber gestionar adecuadamente las emociones es beneficioso para todos los ámbitos de la vida.  ¿Cómo es tu relación con las emociones?  ¿Las gestionas o te dominan? ¿Son pesadas o ligeras? ¿Te elevan o te aplastan?
08.07.2018
Generosa Lombardero
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Esta frase muestra la asombrosa curiosidad con la que algunas personas aprecian cada día porque entre los regalos de existir está el conocer a seres maravillosos que aportan y nutren el alma. Personas que ante la pregunta de ¿Cómo estás? responden: "Excelente" porque su actitud es de aprendizaje en cualquier escenario y frente a cualquier cosa que sucede. Puede ser algo tremendo pero absorben del entorno, aprenden de cada vivencia, cada circunstancia y no pocas suceden en su país, Venezuela. Les abrazo con las palabras de este texto.  Es cierto, la vida es fascinante si la miras con ojos curiosos. La cotidianidad es de todo menos aburrida, se puede tener charlas fantásticas con grandes filósofos en la frutería o en la tintorería. Una pregunta puede encontrase con la posible respuesta, aunque en multitud de ocasiones son amenos monólogos paralelos llenos de consejos personales, comparaciones con lo propio, juicios de valor y demás creaciones del pensamiento. Los minutos pasan entretenidos mientras se espera para comprar unos mangos o a la consulta del pediatra. Se habla de todo y de todos. Cuando no se habla se escucha porque así se aprende. Ya decía un poeta: “Aprendo yendo donde tengo que ir".Puede que en estas brevedades se de que alguien abra su corazón, simplemente se queje o acompañe con unas risas espanta-penas la situación del mundo, de la educación o de la enseñanza.Vivimos en un momento de profundos cambios, desbordados por un exceso de información que no sabemos manejar. Los que tenemos hijos seguimos educándolos de la misma manera que hicieron con nosotros. En la escuela adquieren de forma mecánica una serie de conocimientos de los que después son examinados dependiendo de baremos estándar, creyendo que eso es útil para un porvenir sinónimo de felicidad. Sufrimos y les hacemos sufrir cuando vemos que no llegan a los niveles adecuados o cuando se rebelan contra ese orden impuesto. Nos desconcierta cuando nos cuestionan para qué va a servir toda esa información obsoleta, nos hemos creado unas expectativas que no vemos cumplidas porque provienen de nuestras propias carencias personales. ¿No nos estaremos estancando en el pasado?Los padres se quejan de los docentes; los docentes de las familias; los educandos sienten falta de interés, ausencia de motivación. No ven nada qué merezca la pena y les aplasta el desánimo. Algunos recuerdan otros tiempos cuando los estudiantes tenían más ganas de aprender, preocupados por saber cosas nuevas… La culpa anda suelta y es lanzada sin tener ningún amo con el que detenerse.¿Y si miramos más allá? ¿Y si consideramos esta época con sus diferentes circunstancias?¿Y si vemos lo que ha dejado de ser válido para encarar la vida?¿Y si somos más comprensivos con los otros, con nuevos modelos y nuevas formas, sin entablar una lucha por el cambio sino acompasando lo que hay hacia lo que se avecina? ¿Y si diferenciamos entre educación y enseñanza?Es importante una reeducación, tanto de padres, madres, educadores...sociedad formada por individuos, para que mirando a los ojos de los más jóvenes podamos ver con facilidad su esencia única y personal, con cualidades que podemos ayudarles a potenciar. Si prestamos un apoyo basado en la experiencia pero no directivo, estaremos reforzando su autoestima e incitando a experimentar sin temor a decepcionarse o decepcionar. Probar esto o aquello que les guste, por muy peregrino que pueda parecer. Hay que generar Ilusión por la vida como una gran aventura que conlleva grandes sorpresas, unas alegres y otras con las que se comprueba la capacidad para seguir adelante. Abrir puertas hacia el corazón y desde él atravesar los obstáculos. Ese es el motor para crecer, crear, creer y avanzar…hacia donde tenemos que ir, para aprender. Agradecida porque las puertas se abre a medida que avanzo.
20.06.2018
Generosa Lombardero
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Quienes dormimos con niños, sabemos que “duermen por todas partes”. Duermen extendidos, acurrucados, con los brazos desplegados, encogidos, en jarras, sobre la barriga o aplastados por ella. Unas veces se desplazan durante el sueño o duermen como piedra de un profundo río en su intenso sueño (generalmente así están cuando los trasladas del sofá a la cama). Las piernas pueden dirigirse en cualquier dirección de la veleta, tal vez en el sentido de tu estómago, sobre tu cara o encima de tu espalda. Casual y asombrosamente la cabeza reposa en la almohada o no. Duermen sueltos, en cualquier ángulo, dueños de toda la cama aunque sea compartida. Respiran sin esfuerzo mientras reclaman sitio y expansión. Se adaptan, acomodándose al espacio disponible pero sin limitarse. Moverse es su manera natural de descanso y raramente se caen de la cama. Esta tendencia natural se va desaprendiendo y limitando. Es algo muy revelador porque a medida que crecemos, acartonándonos en movimiento también nos volvemos rígidos en pensamientos y creencias. Nos vamos domesticando como las pulgas. Amaestrar pulgas es algo muy fácil, siempre que se tengan las pulgas ¡claro!. Así se expone el método: primero se meten los insectos en una botella y allí dentro saltan y saltan para intentar escapar. Al cabo de un tiempo más o menos largo y muchos intentos de fuga, las pulgas dejan de dar brincos. Entonces se puede destapar la botella en la que se encuentran porque ya no pretenderán huir. Algo similar se hace con los elefantes en India. Cuando es pequeño se le pasa una cuerda por una pata y se le ata a un árbol. El cerebro registra ese hecho uniéndolo a que no puede ir a donde quiere. Así cuando crezca si alguien le sujeta una pata con cuerda, aunque esta esté unida a un taburete, el animal se mantendrá impotente como atado a un gran árbol. ¿Por qué ocurre esto? La razón está en la creencia de que no pueden hacerlo y si no se construye otra contraria, no lo vuelven a intentar.  “No se puede”; “ No es posible”; “ Te va a salir mal”; “ No se hace así”; “Te vas a caer”; “Lo ves, te caíste” “No lo hagas”; “Pero…¿quien te crees que eres?”; “No lo vas a lograr”; “No lo haces bien” ; “No sirves para esto”; “Nadie lo hace así”,,, Es posible que hayas sentido que una parte importante de ti está infrautilizada y tal vez en tu vida existe algún área que crees limitada, donde sueles tropezar repetidas veces en la misma piedra y te has resignado bajo el pensamiento de que los resultados serán siempre negativos. Entonces se puede afirmar que una parte de ti, está domesticada por tu personal forma de ver las circunstancias y has olvidado que tu habilidad de movimiento o para el salto es formidable, más de lo que imaginas. “Adelante”; “Comienza”; “Eres hábil”; “Inténtalo”; “Puede ser posible”; “ Nada pasa si te caes. Repítelo” “Confía en ti” “Un reto es aprendizaje! “Hazlo creíble”… Ahora te invito a mirar esos aspectos que han limitado tu personalidad. Esos en los que, como la pulga, te has rendido y tu cerebro cree que no puede. Tal vez reconociendo cuáles son, puedas quitar el tapón de tus propias limitaciones y saltar fuera. ¡Atrévete! Publicado en El Revistín. Avilés.
09.06.2018
Generosa Lombardero
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“Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a darme consejos, no has hecho lo que te he pedido. Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a decirme por qué no tendría que sentirme así, no respetas mis sentimientos. Cuando te pido que me escuches y tú sientes el deber de hacer algo para resolver mi problema, no respondes a mis necesidades. ¡Escúchame! Todo lo que te pido es que me escuches, no que hables ni que hagas, sólo que me escuches. Aconsejar es fácil, pero yo no soy un incapaz.Quizás esté desanimado o en dificultad, pero no soy un inútil. Cuando tú haces por mi lo que yo mismo puedo hacer y no necesito, no haces más que contribuir a mi necesidad; pero cuando aceptas, simplemente, que lo que siento me pertenece aunque sea irracional, entonces no tengo que intentar hacértelo entender, sino empezar a descubrir qué hay dentro de mí”. Arnaldo Pangrazzi. Si quieres un tiempo de Escucha Consciente,sólo tienes que llamarme para concertar cita por Skype.
03.06.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 8.0px 35.7px; text-align: justify; font: 14.0px 'Helvetica Neue'} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 8.0px 35.7px; text-align: justify; font: 14.0px 'Helvetica Neue'; min-height: 16.0px} span.s1 {font-kerning: none} Todo a lo que prestamos atención crece y se magnifica. Aquello a lo que miramos, nos regala información. Hay universos escondidos tras el velo lo desconocido  y también de lo común. ¿Conoces a la oropéndola dorada  que aparece cuando el calor de la primavera  pare a los insectos? ¿Te das cuenta que la belleza del jilguero  le hace pasar su vida prisionero? ¿Sabes que los gritos del mochuelo  se convierten en un sonido lastimero  parecido al maullido de un gato? ¿Has oído hablar del diamante cebra  que se usa como mascota? El colibrí de capucha azul es símbolo  de los dioses de la lluvia, del sol  y la buena suerte. Las ánades que viven cerca de los ríos  pescan al amanecer y al anochecer,  cuando su sombra desaparece. El color del flamenco le viene de los alimentos que come. El canto del martín pescador suena como dos piedras que se golpean  y no parece saber hablar de otra manera. El gorrión común no emigra,  se queda en su barrio  y come en el restaurante más cercano,  sin embargo ya nadie le presta atención. Hay cantos que suenan tristes  y patas que se mueven tan rápido  que se vuelven invisibles.  ¿Puede ser que tenga miedo? ¿No te parece que tiene gracia?  En la cercanía, el conjunto cobra sentido. Todo tiene su ser. Todo tiene su son.
03.06.2018
Generosa Lombardero
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La cercanía de la muerte invita a vivir con el corazón abierto. Estar cerca del proceso permite aprender de la sabiduría que brota de la gran experiencia, cultivar la conexión de igual a igual y la mirada compasiva. Se explora la reactividad ante el momento observando los miedos propios y aquellos que nos son ajenos.“...Creo que en el fondo mi miedo a la muerte es terror a la soledad. Me descubro así durante toda la vida, por eso, he sido tan complaciente. Evitaba decir “no”. Creía que así no tenían ninguna razón para abandonarme”.Frases dichas ante la magnitud que supone la proximidad de la transcendencia y que lleva a la persona a niveles cada vez más profundos de transformación. Las respuestas de defensa ante el tránsito van de la negación a la aceptación pasando por la rabia, la depresión y la negociación. Esto son pasos de profunda comprensión y evolución de la consciencia. Varios son los Varios son los temores asociados con la muerte. Cuando nos acercamos a ellos, los exploramos y les quitamos el velo de la incomodidad, van difuminándose. * Miedo a sufrirNo sólo el dolor per se sino el sufrimiento ante fuerzas invisibles que invaliden a la persona y la amenaza a sentir humillación. Hay frases que lo manifiestan perfectamente: “No quiero dar que hacer”, “No quiero ser una carga”. Supone el sentirse víctima, no tener el control físico, ser alimentado o limpiado, dependiente de otros mientras se piensa que se está generando rabia en quienes lo hacen. Es la punzada de la vergüenza, la indefensión y la pérdida de orgullo.* Miedo a lo desconocidoEl origen y base de todos los demás. Es la razón y la función de las religiones en las diferentes culturas:ofrecer una visión de lo que hay más allá del mundo físico. Una orientación sobre lo que nos espera después.Para las personas que creen en el infierno, en posibles torturas eternas, en juicios, exámenes finales en los que se despliega toda la vida para aprobarla, suspenderla o liquidar cuentas con asuntos pendientes, supone mucho terror y culpabilidad. Prestar la Atención adecuada permite detectar estas creencias grabadas desde la más tierna infancia e incluso presentes desde antiguo en nuestro árbol familiar como sensación tan primordial, tal que el hambre o la sed.* Miedo a la soledadEstoy segura que nadie quiere tener que contestar a esta pregunta: ¿Me estoy muriendo? Por ello evitamos al moribundo y su espacio.Morir es un proceso solitario que la persona, en su unicidad, emprende para terminar, aunque nadie muere solo. La muerte tiene mala prensa y se tiende a rehuir todo lo que la recuerda como si se transmitiera por contacto. Ante la presencia de la gran señora y última acompañante, las palabras desaparecen o se esconde la verdadera realidad.* Miedo a lo inconclusoCompletar los objetivos vitales es algo que siempre dejamos para más adelante pero no sabemos cuándo puede abrazarnos el final y generalmente esa futura intención se convierte en un “nunca”. Por este motivo la sugerencia es arreglar lo que haya que arreglar mientras se pueda. Hay cuestiones personales muy importantes que al no ser realizadas aportan disgusto, rabia y frustración al miedo.“No puedo morirme ahora porque...”.* Miedo por los demás¿Qué les ocurrirá a quienes amo cuando ya no esté con ellos?Lo que vaya a suceder a los seres queridos tanto en el aspecto emocional, económico o el impacto anímico puede provocar gran preocupación que evita la paz ante ese momento.* Miedo a no serNos enseñan a construir una personalidad basada en el ego, en lo material o profesional. Ello hace que la entrega del morir sea un gran obstáculo.Cuanto más creamos que tenemos que perder, más endeble será la seguridad ante la muerte. ¿Qué es lo termina realmente? ¿Qué es lo que verdaderamente existe y permanece? A los que hayan leído el artículo, asegurarles que tratar estos aspectos temibles es un medio excelente para comprender el ciclo de vida-muerte, lejos de la negación y la rabia con la que solemos mirar de manera destructiva el gran tabú. Cuando nos permitimos explorar dimensiones más amplias de nuestro ser, relajamos la vida y caminamos en el despliegue de la conciencia.Tal vez dejemos atrás tesoros preciosos pero seguro que deseamos soltar el cansancio, un ritmo de vida estresante, relaciones desgastantes, obligaciones económicas o personales que nos oprimen y cambiarlas por dimensiones más amplias que nos protegen pero no ciegan.Observar qué hay detrás o más allá del temor a la muerte sin culpa ni castigo es abrazar que, sea cuando fuere, ese es el momento adecuado para el cambio. Es amar la realidad de la impermanencia y la vida. Amar es comprender. Amar es aceptar. Si este artículo te parece interesante, te animo a comentar y compartir. Artículo escrito para la colaboración con CredeSer: https://credeser.com/me-voy-morir-miedo/

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