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Autoestima
Autoestima  
07.01.2019
Generosa Lombardero
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En el espacio entre nacimiento y muerte todo es relación. Nos relacionamos con la salud, con el dinero, con la comida, con el trabajo, con la abundancia, con la muerte, con la vida, con los otros. Todo es en sí mismo relación dual, sea lo que sea o quien sea qué esté al otro lado. Somos una especie que necesitamos del semejante y hacemos lo que podemos para sentir el cálido aliento humano que dulcifique nuestro viaje. Nadie está tan sólo como pueda parecer. ¿A cuántas personas se puede conocer en una vida? Uno de los mayores indicadores de bienestar es la calidad de nuestros vínculos y de las relaciones significativas. Familia, pareja, amigos íntimos, compañeros laborales, colegas...y todas esas personas que se cruzan con nuestra mirada para compartirla, quizá en espacios de tiempo más pequeños pero con su intensidad nos acompañan recorriendo juntos un tramo del camino. Todos deseamos relaciones que nos nutran, abonen lo interesante, nos aporten paz y equilibrio, sin embargo es en la pareja donde encontramos el mayor reflejo, con todas sus cualidades y las muchas sombras escondidas. La pareja supone el vínculo nuclear por excelencia. Cuando un alma afín aparece respondiendo a nuestra demanda interna sólo podremos sostener la estabilidad en el par si hay una buen auto-aprecio previo. Esto no es una fórmula mágica, ni receta magistral que genere instantáneamente una relación plena, amable y consciente “con uno mismo”, sino que supone un proceso de apertura del corazón en el que logramos transformarnos en la persona que desearíamos como pareja. En el momento que conseguimos mostrarnos con las cualidades, dones y expresando las fortalezas de esa persona admirable que nuestra mente imagina...justo en ese instante la vida ofrece las sincronías que dan paso a un camino sin regreso. Absolutamente nadie puede regalarnos felicidad, ni solventar lo que es asunto de nuestra propia competencia y responsabilidad. Si esperamos llenar un vacío personal con la presencia de quien asegura o creemos que puede cubrir nuestras carencias, atraeremos parejas que, en esa misma escala, ponen su propio poder fuera de sí mismas. Sea lo que fuere y cómo ocurriere, todo tiene sentido visto desde la totalidad, con una mirada transpersonal y supone un peldaño en el proceso de nuestra consciencia hacia la amplitud de la Conciencia.No hay pareja ideal, cada quien tiene la relación que se ajusta y es interesante para sus particulares circunstancias. El inicio idóneo para emprender lazos saludables comienza por admitir, reconocer y aceptar el propio inventario de sombras. Habernos reconocido en quienes nos llevan a la rabia o nos hacen enfadar e identificar las heridas que traemos de serie. Después de comprender e integrar estas “incorrecciones”, se abre el corazón para poder cuidar de nuestros vínculos. Cuando así hacemos; cuando a través del sendero del autodescubrimiento ponemos sobre el tapete los patrones internos, se cruzará con nosotros quien también haya madurado y quiera encontrar el mismo resultado. Si necesitamos amor y ser amados tenemos que crearlo, cultivarlo y expresarlo cada día porque, en realidad, la pareja es un espejo que refleja la realidad interior. Esa que es sustentada en gran parte por las experiencias emocionales que hemos registrado durante la época infantil. En las relaciones, cuando surgen conflictos, emergen con ellos los sentimientos dolorosos de resentimiento, odio, desprecio, rencor, rabia. Aspectos en los que estamos atrapados por algún tipo de complicación, desorden o dificultad, anterior en el tiempo, y no resuelta en su momento. Cuando iluminamos con el foco de la consciencia y el amor cualquier circunstancia devastadora para la relación, terminamos comprendiendo que el verdadero rival no está en la persona que nos irrita sino que se encuentra dentro y es, únicamente, corrigiendo esta perspectiva que la lucha desaparece. Debajo de las máscaras que nos recubren, en este juego de formas que es la vida, los demás no son tales, sino iguales en esencia. Conquistados por esta sencilla verdad, conectamos fácilmente con el resto de los corazones y es entonces cuando nace la auténtica compasión y la confianza. El cambio en las relaciones, sean cuales sean, viene de un cambio en el corazón. Algo interno, personal, profundo y silente que, de uno en uno y desde dentro hacia fuera, va extendiendo nuestro íntimo círculo amable y compasivo. Amarnos a nosotros mismos para amar más allá. Para amar el todo. Tenemos una asombrosa aptitud para el amor y ese es el autentico poder como seres humanos. Si tomamos consciencia de esto y hacemos algo con ello; si nos damos cuenta de nuestra verdadera capacidad y pasamos a la acción, entonces se expandirá la conciencia. La pareja y la relación dentro de ella es un excelente escenario donde observarnos, conectar con el corazón, darnos, aprender, crecer, madurar y amar. Amar es comprender-nos. Amar es aceptar-nos.
25.12.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 14.0px Helvetica; color: #0433ff} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 14.0px Helvetica; color: #0433ff; min-height: 17.0px} p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 14.0px Helvetica; color: #0433ff} span.s1 {font-kerning: none} Llega un momento del año muy propicio para el agradecimiento, los regalos y deseos. Así que quiero agradecer el interés por la aportación que hago en el Revistín, y enviar mi presente como relato y deseo.  “En un gran templo de Tailandia se alzaba desde antiguo una enorme estatua de Buda hecha de arcilla. No era una de las más bellas del arte tailandés, pero había sobrevivido 500 años y convertido en objeto venerado por ello.Testigo de violentas tormentas, cambios de gobierno e invasiones, pero resistente. Los monjes del templo advirtieron que la estatua tenía grietas y necesitaba ser reparada y pintada. Tras una estación especialmente seca, una grieta se hizo tan ancha que un monje usó una linterna para investigar qué había allí dentro. Lo que apareció al iluminar la grieta fue ¡el destello brillante del oro! En el interior de aquella sencilla estatua, descubrieron una de las imágenes en oro de Buda más grandes y preciosas creadas en el sureste asiático. Ahora, ya despojado de la capa de arcilla, el Buda dorado atrae a multitud de peregrinos devotos de todas partes de Tailandia. Los monjes creen que esta maravillosa obra de arte fue cubierta con arcilla para protegerla en las épocas de conflictos. En realidad, la capa de arcilla que había sido tomada por la imagen real, no era sino una protección que en su día fue necesaria, pero que ocultaba lo magnífico de la estatua. De un modo muy parecido, cada uno de nosotros ha tenido que hacer frente a situaciones amenazantes que nos han llevado a cubrir nuestra nobleza innata. Al igual que la gente del lugar había olvidado al Buda de oro, también nosotros hemos olvidado nuestra naturaleza esencial.” En esa brillante Esencia, que todos poseemos, se encuentra el bienestar. Mi deseo es ese descubrimiento. ¿Cómo hacemos esto? ¿Cómo encontramos esa fortuna? Relacionándonos de manera inteligente con nosotros.  Una relación inteligente con el cuerpo. Esto supone prestarle Atención no sólo cuando duele, sino escuchar los mensajes que nos manda para atender sus necesidades reales. Descubrir los sentidos, habitarlo de forma consciente, cuidarlo con alimentación, hábitos adecuados y algo de ejercicio, entre otras cosas. Una relación inteligente con nuestros pensamientos. Esto significa comprender el funcionamiento de nuestra mente para que sea un amiga maravillosas. Desarrollarnos para crear una mente saludable, compañera y apoyo en cualquier circunstancia. Esa que no se enrede en las películas fatales que dirige para condicionarnos. Tener la intención y el empeño de establecerla en el presente sin que pueda columpiarse penosamente entre la culpa del pasado y el miedo del futuro. Que nos ancle al ahora para dejar de ser los únicos seres vivos sin conexión con la experiencia directa. Una relación inteligente con nuestros sentimientos y emociones. Ser plenamente conscientes de qué sentimos, sin dejarnos arrastrar por explosiones emocionales que nos hacen perder los papeles. Sumergirnos en toda la gama de emociones creando una pausa que nos permita responder conscientemente en vez de reaccionar con el programa automático de “lucha o huye”. Una relación inteligente con la actividad. Dentro de la sociedad en la que vivimos podemos elegir sumarnos al ritmo frenético que la caracteriza o abandonar esa compulsión. Necesitamos recuperar la contemplación, crear un equilibrio entre hacer y no hacer. Permitirnos estar realmente presentes en cualquier labor y también en el disfrute del silencio o la meditación. Esto enriquece, da profundidad y calidad a la vida. ¿Qué hay que valorar en estas relaciones para convertirlas en sabias? Pues tenemos que plantearnos si la razón que nos mueve es el miedo o el Amor. Es preciso que desarrollemos el hábito de hablar y escuchar (nos) con Atención para descubrir el verdadero mensaje debajo de la apariencia. Mi deseo para todos, nos sitúa en el Ahora, en el único momento que se desarrolla la vida. No permite que el pasado ni el futuro sean carceleros sino que utiliza el primero como trampolín y al segundo como riqueza de experiencia. Siempre es agradable recibir regalos. Es nuestra responsabilidad decidir qué hacer con ellos. Por una Navidad Consciente. Con Amor. Publicado en el Revistín (Avilés) Dic. 2018
21.12.2018
Generosa Lombardero
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Cuando mi hija mayor nació, su futuro se dibujaba poco prometedor y yo entré en un estado de apatía, sentía profundo cansancio, dormía mal, siempre estaba bajo el velo de la tristeza y aunque nunca contemplé el suicidio, en ocasiones las ventanas de mi cuarto piso me parecieron bastante atractivas. Las circunstancias fueron suavizándose con el tiempo pero no por una transformación milagrosa de mi hija, sino por el cambio de mi mirada hacia lo que su lesión cerebral suponía. De la mano de la aceptación y la confianza la vida me permitió apreciar lo que me ofrecía el presente incluyendo a mi maravillosa Ángela. Dejé de preocuparme por lo que podría sucederle en el futuro, así pude apreciar el regalo de su presencia, su compañía y vivir con entusiasmo. Uno de los principales objetivos en la vida es conseguir el bienestar, ser feliz independientemente de la circunstancia vital. Si les preguntamos a papás y mamás qué quieren como destino para sus hijos, casi la totalidad contestará: quiero que sea feliz, que viva sintiéndose bien. Sin embargo este regalo de linaje no se entrega desde la carencia sino que nace de la vivencia sostenida. Creemos erróneamente que nuestro propio sacrificio puede dar la felicidad al siguiente pero únicamente cuando los hijos están inmersos en el cariño sereno de sus padres, cuando respiran el bienestar y la felicidad puede pulsar internamente la paz, felicidad y el optimismo como propios. Estamos interconectados con los demás y nuestro bienestar tiene un efecto de latencia positiva en los demás. Mantener un estado de bienestar en un mundo lleno de sufrimiento es un verdadero arte y como cualquier artista, requiere practicar en ese elemento para mantener las habilidades del aquí y ahora. En los momentos difíciles, en esos que nos sentimos amenazados y llenos de miedo, podemos acudir a la Atención Consciente ya que vivir en bienestar no es sólo cuestión de buena voluntad, de una decisión tomada, sino que requiere entrenar esas cualidades específicas que todos traemos de serie. El bienestar, ese gran sentimiento de libertad, se deriva de la práctica del desapego. Desapegados de resultados y expectativas podemos percibir profundamente el disfrute de cada día con lo que nos traiga. Si entendemos el orden natural de la impermanencia, que todo es efímero y sometido al cambio con el tiempo, no nos sumimos en la desesperación y el sufrimiento cuando algo termina o no se cumple, sino que la sabiduría del desapego hace que podamos mantener la sensación de bienestar y felicidad durante toda la vida. Del desapego nace la mente de aprendiz y el equilibrio. Se trata de abrirnos interiormente a cada instante como algo nuevo, limpio, totalmente diferente a cualquier otro. La mente sorpresa acepta lo que es, lo que está ocurriendo desde un punto de serenidad, sosiego y estabilidad que entiende la naturaleza cambiante amén de la profunda interpelación de todas las cosas.  Todo lo que acabo de escribir quiero resumirlo con una simple historia zen, para aportar una imagen a la propia reflexión interna.  Un día, el hijo de un viejo granjero dejó, por descuido, la verja del establo abierta. El único caballo que tenían, escapó. Todos los vecinos vinieron a solidarizarse: -“¡Qué mala suerte!”. Sin embargo, el anciano no se inmutó, solo dijo:- “Puede ser, puede ser”. Al día siguiente, el caballo volvió al establo y trajo consigo otros diez caballos salvajes que le siguieron desde las montañas. Ahora el granjero tenía once caballos y se había convertido en el hombre más rico del pueblo. Todos los vecinos fueron a visitarlo y le dijeron: -“Parece que al final fue un golpe de suerte que el caballo se haya escapado”. El anciano solo les respondió: -“Puede ser, puede ser”. Al día siguiente, mientras su hijo estaba intentando domar a uno de los caballos, cayó y se rompió una pierna. Al acercarse el invierno, sin la ayuda del hijo en la granja, el anciano tendría que afrontar grandes problemas. Los vecinos le dijeron: -“En el fondo, fue un error. Ahora tienes los caballos pero no tienes a tu hijo para que te ayude. Es algo terrible”. El padre, en vez de lamentarse, respondió: -“Puede ser, puede ser”. Una semana más tarde el ejército llegó al pueblo y reclutó a todos los jóvenes para luchar en una guerra suicida. Era posible que ninguno de ellos regresara a casa. Sin embargo, como el hijo del granjero tenía una pierna rota, no lo reclutaron y se quedó a salvo en el hogar. Una vez más, los vecinos le comentaron la buena suerte que había tenido. Nuevamente el granjero contestó: -“Puede ser, puede ser”. Ahora te invito a que valores en que medida te acercarías al bienestar soltando todo eso que tu mente dice que debes hacer, tener o ser para conseguir la felicidad. Tal vez descubras que merece la pena entrenar tu mente para el equilibrio. ¿Puede ser? Tal vez tengas tu propia historia para aprender. Si este artículo te parece interesante, te animo a comentar y compartir.
17.12.2018
Generosa Lombardero
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La sombra de las novelas románticas y de los cuentos infantiles sobrevuela los comienzos de las creencias sobre el amor, llevando a muchas personas desde una pretendida felicidad a un sufrimiento irreversible. La costumbre, la sociedad, el sistema nos vende algo idealizado que compramos sin hacer una revisión. Necesitamos pertenecer, estar en contacto y sentirnos amorosamente unidos a otras personas porque somos mamíferos buscando calor. El amor nos mueve. Las relaciones afectivas ocupan una importantísima parcela en todas las vidas. Pueden ser origen de nutrición y crecimiento o de dolor y desencanto al mantener patrones no deseados. Cuando un bebé nace si se coloca encima del vientre materno, de manera instintiva, se arrastra hasta el pecho materno. El aroma del amor lo mueve. En la teta de su mami tiene lo que necesita: amor, calor, alimento, contacto, comunicación, seguridad. Lo tiene todo ahí. Mamá es su Universo en ese momento y durante muchísimos momentos más, porque esas dos personas independientes forman una perfecta simbiosis de Ser. La poca comprensión de la sensibilidad humana y la limitada visión de lo que es dar y recibir contribuye a crear un daño en lugar de un precioso regalo de bienvenida para quien llega a la vida. Si yo, como bebé, miro a mi mamá, siento la verdadera conexión amorosa con ella. Logro reconocerme en ese espacio nuestro que es el apego, la seguridad y el merecimiento de todo lo que necesito. Sé que es posible porque lo estoy sintiendo en mí y me da calma. Mi esencia comprende e integra que la felicidad es una sensación de unión. Es algo intangible e imborrable lo que la lactancia materna, la piel con piel y otras experiencias posteriores aportan, como semilla, para lograr unas relaciones ricas, fértiles, armoniosas, cooperativas y amorosas. Es en el seno de nuestra familia de origen donde establecemos los vínculos emocionales iniciales y desarrollamos un tipo de apego u otro dependiendo de estas primeras experiencias. El patrón de apego tiende a ser repetido en las relaciones de afecto posteriores.En la teorías e investigaciones sobre el apego se revela la importancia de los vínculos entre el niño y sus padres. Esto supone afecto y disponibilidad de los progenitores, que harán que el niño se sienta seguro y es clave para el desarrollo de una sana personalidad. El apego que los adultos establecemos con nuestras parejas lleva la marca de agua de lo que existió en nuestra infancia. Aunque, por supuesto, el tiempo y las experiencias van moviendo el timón. No es ninguna tontería teórica absurda porque evolutivamente la seguridad conlleva supervivencia. Cuando se está cerca de una figura que es significativa para nosotros, nuestros seres queridos, el cerebro activa un mecanismo biológico específico que conlleva emociones que nos aportan seguridad y protección. No tener pareja, familia, clan, significaba la muerte en otras épocas. Por lo que el sistema de apego era una absoluta prioridad para la vida y la supervivencia como especie. Hay tres maneras de percibir la intimidad y de responder dentro de la pareja. • Desde el apego seguro, las personas se sienten a gusto en situaciones de cercanía, contacto y suelen ser cálidas y cariñosas. Los padres se mostraban sensibles, accesibles y atentos. • Desde el apego ansioso, se anhela la intimidad pero se obsesionan con sus relaciones y dudan de la capacidad de la pareja para compensar su amor. La atención era esporádica o intermitente. • Desde el apego evasivo, se equipara la intimidad con la pérdida de la independencia y continuamente tratan de evitar el acercamiento. El caldo de cultivo fue la rigidez, el desapego y distancia.  Por supuesto esto no es una proporcionalidad directa y es muy simplista dibujar una línea recta entre padres sensibles y amorosos con adultos seguros y llenos de confianza. Hay otros muchos factores que afectan e incluso se puede visitar distintos apegos en diferentes momentos vitales. Sin embargo es una variable que influye en gran medida en la construcción individual. Las personas con apego evasivo suelen estar sin pareja frecuentemente. El estilo seguro suele tener una pareja con la que se siente bien. Las personas de apego ansioso, prefieren formar parte de una relación infeliz y aburrida que estar en soledad, con miedo y sin pareja. Si tu estilo es evasivo pero encuentras una pareja segura, entonces pronto entra el aburrimiento porque no se activa la conquista. Si eres un estilo ansioso puede que confundas la calma con la falta de atracción. Cuando reconocemos nuestros estilos, podemos decidir conscientemente darnos algo más de tiempo para apreciar la seguridad de un estilo de apego apacible y sano. Está demostrado que las personas se vuelven más seguras cuando están satisfechas en una relación con una persona de apego seguro. Porque cuando no gastamos la energía en crisis emocionales podemos orientar nuestro combustible vital del día a día, en creatividad, autocuidado, profesión, planes...bienestar. Hay muchas relaciones que se han formado desde el miedo. Un miedo que se oculta atándose a otra persona. Ante la amenaza de la soledad y el temor creamos una venda para no ver la realidad, tal cual. La pareja no es camino fácil pero es un gran aprendizaje para responsabilizarse de los sentimientos propios. Comprender sobre el miedo, el control, la manipulación y permitir que cada parte enfrente sus propios demonios y los atraviese si quiere crecer. Amar es más amplio que querer  Amar es aceptar y permitir ser. 
09.11.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px} Dice Eduardo Galeano que el amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas que hay. Dice que a los que estamos enfermos de este bien se nos reconoce por los abrazos y por la necesidad de decir estupideces.  Me permito añadir a esta grandeza que hablar de amor con Mayúsculas es tan satisfactorio que, aunque se disfrace de estupidez, llena la boca de saliva y el corazón de emoción. Es algo tan sabroso, suculento y rico que inunda a la vez que satisface. Podríamos probar a pintar nuestra vida con él para sentir más el calor de su color. Dice que se puede provocar si se deja caer un puñadito de polvo de “quererme” en el café. Pero no se puede impedir ni con agua bendita, ni polvo de hostia o diente de ajo.  Describe maravillosamente Galeano como el Amor es sordo a todo, a Dios, al conjuro de las brujas, a los decretos del gobierno, a las pócimas y los brebajes, aunque estos tengan garantía de éxito.  Hay escritores que son capaces de envolver con sensaciones y “desdudar-me”. Hay palabras que siento redondas, cálidas, reconfortantes y de las que nací. Hay un todo más amoroso y profundo del que no quiero escapar porque me llena de sentido.  Pues aquí estoy, infectada de esta enfermedad y queriendo contagiar.
21.10.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica; min-height: 22.0px} span.s1 {font-kerning: none} ...y con Diego me quedo. Cada edad puede convertirse en una barrera o en una liberación. “Esto no lo puedo hacer, ya no tengo edad” o “ahora me lo permito porque me salto los prejuicios y el que dirán” . Ir avanzando y decidir qué nos sirve en cada momento forma parte del aprendizaje de cada persona, en el caso de que quiera aprender, claro está. Algunas edades por ser más redondas muestran con más vehemencia estas inflexiones.  Cincuenta es un número bastante rotundo, que hace mirar a las primaveras vividas y sobre todo, enfrenta a lo que queda y para qué sirve el tiempo.  Hace poco me encontré a una mujer, compañera, amiga, persona querida que también ronda esta edad. Ella siempre había mantenido su preferencia por parejas mayores de las que pueda aprender y no traigan complicaciones. “ A los chiquillos que los cuide su madre” solía decir para referirse a hombres menores que ella. Esta fantástica mujer, que por cierto está estupenda-estupendísima, seguro le resulta atractiva a un rango de edad muy amplio e incluso a ambos géneros.  Pues me la encuentro paseando de la mano con un juvenalia tremendamente guapo. Inicié una conversación cortés y cariñosa con ella para dirigirme después hacia su acompañante y preguntar: “…y este caballero, que te acompaña?” “Me llamo Diego, contestó. No soy caballero, soy policía y tengo las esposas en el bolso para detener a quien haga falta.” Abrió un bolso bandolera que traía para mostrar artilugios (de usos varios para quien tenga imaginación) a la atónita que escribe esto.  La miré con asombro en la cara. Ella me guiñó un ojo al decirme: “Ya ves Geni, ahora soy más flexible y permito que el aprendizaje venga de otras fuentes”. “Bueno, se trata de madurar en comprensión” dije yo y con un sentido abrazo, nos despedimos deseándonos sinceramente todo lo mejor.  Cómo no hay foto del Diego bien parecido que aparece en la historia, pongo la foto de la flexibilidad de una de mis hijas, que bien se lo merece.  Es imprescindible cuestionarse nuestras creencias para ser elásticos, adaptables y aprender.  Siempre desde el Amor. Foto de Daniela Roces Lombardero.
14.10.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica; min-height: 22.0px} span.s1 {font-kerning: none} Se promueve la autosuficiencia y no hace mucho tiempo se animaba a dejar que los bebés se consolaran solos. Se creía que el exceso de afecto hacía niños consentidos y los convertiría en adultos problemáticos e inadaptados: “ No lo cojas de la cuna, que se acostumbra” “ Déjalo llorar que eso expande los pulmones”. En los hospitales se aislaba los niños de sus familias o se veía a los bebés a unas horas determinadas, siempre insuficientes para llenar de amor sanador el alma nueva y alimentar el poderoso hilo del vínculo. Existía la creencia, aún coletea por ahí, que el afecto, el contacto, las muestras de cariño debían suprimirse o dosificarse al máximo. Los padres si querían educar en la fortaleza a sus hijos, tenían que mantener un cierto grado de distancia con ellos. Esta creencia mantiene que el exceso de amor materno, hace a las criaturas asustadizas y dependientes. Se observó, por otro lado, que aún teniendo las necesidades básicas cubiertas (alimento, bebida, limpieza), las que que carecían de una figura de apego, no se desarrollaban con normalidad.  A primera vista puede parecer un contrasentido de la Independencia:  Amor y Libertad. En realidad se hace necesario un apego sano con nuestras figuras de afecto porque éste es beneficioso y propicia una personalidad sana, madura y autónoma. Estudios con personas adultas mostraron, con resonancia magnética, como la presencia de la pareja ayuda a regular la presión sanguínea, el pulso, la respiración y los niveles de hormonas en sangre.  La dependencia sana es un hecho, no es una opción o una preferencia. Nacemos con necesidad de amor porque somos seres sociales que buscamos el calor de otros como alimento. Cuando escogemos pareja siempre hay dependencia. Es necesario que ésta ayude en nuestro bienestar emocional y psicológico. Vital también es comprender que la verdadera independencia nace de saber que contamos con alguien que nos apoya.  Ese alguien que respalda, nos incluye a nosotros mismos. Dependemos del amor.
06.09.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 18.0px Helvetica; min-height: 22.0px} Nos perdemos muchos momentos de la vida por estar con la cabeza en otro sitio, tal vez pensando en lo que deberíamos haber hecho o viendo realizadas las innumerables amenazas de un futuro incierto. Podemos ser nuestros jefes más estrictos, nos juzgamos constantemente y pasamos muchas horas extras rumiando sobre lo qué pasaría si hubiéramos actuado distinto o qué ocurrirá si tomamos una futurible alternativa y no la otra. No recordamos dónde hemos dejado el coche aparcado, si hemos cerrado la puerta de casa o qué hemos comido. Estamos distraídos cuando nuestros hijos nos hablan y generalmente consideramos que nos faltan cosas para poder ser felices.  Siempre hay una pieza que necesitaríamos para llenar el puzzle del bienestar: salud, tiempo, paz, dinero, éxito, propiedades, ayuda, satisfacción, logros…Nos regalamos la utopía de que cuando tengamos “eso” o termine “aquello”, todo será perfecto. En el fondo sabemos que las cosas no funcionan de esta manera, que siempre hay algo que nos sobra, molesta o hace daño y  seguiremos sintiendo que nada es suficiente.  La mente no es muda y nos recuerda constantemente los miedos, el trabajo sin hacer, la discusión con los padres, el enfado con el compañero, eso que debería hacer la pareja, si hay pagos pendientes y... todo lo que podría salir mal. Las preocupaciones son totalmente legítimas y personales pero si nos sumergimos en ellas pueden arruinarnos cualquier instante. El gozo muere por ahogamiento en el mar de la inquietud.  Hay cuestiones muy básicas y poco originales que sin embargo deberíamos recordar siempre. El pasado no se puede cambiar y el futuro, aunque podemos hacer conjeturas sobre él, no somos capaces de predecirlo. Darse cuenta de esto, del gran  poder de nuestros pensamientos sobre todo lo que hacemos, no hacemos o sobre lo que sentimos, es un gran paso hacia vivir el presente. Esa frase tan repetida pero tan poco fácil de realizar porque a la vuelta de esta palabra nos dejamos enredar por cualquier emoción contractiva que nos surja. Más aún, nos creemos las teorías que aparecen en la pantalla de la mente y dirigimos nuestras propias películas. Qué está muy bien si las podemos capitalizar, como Amenábar o Almodóvar, pero poco adecuadas para evitar el sufrimiento. Vivir desde la serenidad, independientemente del entorno, es posible si se entrena la mente. Estamos rodeados por un universo de estímulos, de tareas, de jornadas con actividades intra y extra, de responsabilidades varias que evitan el sentir de ser dueños de la vida, sino que ésta nos arrastra.  Consideramos injustas las circunstancias que nos tocan pero, lejos de quejarnos, tenemos la opción de elegir. Podemos abrir los ojos para descubrir un camino diferente. Una manera de vivir que se convierte, con la práctica, en actitud. Una disposición a la apertura y al baile con lo que va surgiendo en cada paso.  Hay que aceptar la música, adaptarse, volverse flexible para que la danza con la vida se convierte en algo intenso y tremendamente interesante.  ¿Quieres bailar?
17.08.2018
Generosa Lombardero
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p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 12.0px 0.0px; font: 16.0px Times; color: #575756} span.s1 {font-kerning: none} Unas preguntitas al final del texto para la autoindagación. Algo ligero pero que lleve a la reflexión y a un posible giro en la manera de conducir la vida.  Las emociones nos mueven a la acción, de hecho la palabra deriva del latín “emotio”, que significa movimiento o impulso.  Las hay agradables y otras poco gratas pero aunque las etiquetamos como “buenas” o “malas”, todas tiene una función importante: la supervivencia.  El miedo a un amimal que se abalanza de manera imprevista sobre nosotros hace que reaccionemos con rapidez dando un salto para salvar la vida. El enfado cuando alguien se cuela delante de nosotros en una cola puede hacer que reclamemos nuestra posición y no nos dejemos avasallar, defendiendo nuestro espacio físico, psicológico  y nuestro autorespeto en el mundo. La tristeza ante la pérdida de un ser querido permite que otros nos abracen y consuelen, lo que nos recuerda que no estamos solos en el mundo. La alegría nos permite reír con los demás y fortalecer vínculos con nuestro grupo, familia y amigos.  Podemos reconocer que los estados de ánimo internos se reflejan en ciertas señales corporales y cómo, retomando su sentido etimológico, “nos mueven”. Somos seres emocionales, no hay ninguna duda y de cómo nos relacionemos con ellas, depende “hacia dónde” nos movamos: podemos ir hacia la serenidad y el bienestar, o caminar hacia el abismo del miedo y el vacío absurdos.  Por eso es tan importante el modo que las gestionamos. Saber gestionar adecuadamente las emociones es beneficioso para todos los ámbitos de la vida.  ¿Cómo es tu relación con las emociones?  ¿Las gestionas o te dominan? ¿Son pesadas o ligeras? ¿Te elevan o te aplastan?
08.07.2018
Generosa Lombardero
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Esta frase muestra la asombrosa curiosidad con la que algunas personas aprecian cada día porque entre los regalos de existir está el conocer a seres maravillosos que aportan y nutren el alma. Personas que ante la pregunta de ¿Cómo estás? responden: "Excelente" porque su actitud es de aprendizaje en cualquier escenario y frente a cualquier cosa que sucede. Puede ser algo tremendo pero absorben del entorno, aprenden de cada vivencia, cada circunstancia y no pocas suceden en su país, Venezuela. Les abrazo con las palabras de este texto.  Es cierto, la vida es fascinante si la miras con ojos curiosos. La cotidianidad es de todo menos aburrida, se puede tener charlas fantásticas con grandes filósofos en la frutería o en la tintorería. Una pregunta puede encontrase con la posible respuesta, aunque en multitud de ocasiones son amenos monólogos paralelos llenos de consejos personales, comparaciones con lo propio, juicios de valor y demás creaciones del pensamiento. Los minutos pasan entretenidos mientras se espera para comprar unos mangos o a la consulta del pediatra. Se habla de todo y de todos. Cuando no se habla se escucha porque así se aprende. Ya decía un poeta: “Aprendo yendo donde tengo que ir".Puede que en estas brevedades se de que alguien abra su corazón, simplemente se queje o acompañe con unas risas espanta-penas la situación del mundo, de la educación o de la enseñanza.Vivimos en un momento de profundos cambios, desbordados por un exceso de información que no sabemos manejar. Los que tenemos hijos seguimos educándolos de la misma manera que hicieron con nosotros. En la escuela adquieren de forma mecánica una serie de conocimientos de los que después son examinados dependiendo de baremos estándar, creyendo que eso es útil para un porvenir sinónimo de felicidad. Sufrimos y les hacemos sufrir cuando vemos que no llegan a los niveles adecuados o cuando se rebelan contra ese orden impuesto. Nos desconcierta cuando nos cuestionan para qué va a servir toda esa información obsoleta, nos hemos creado unas expectativas que no vemos cumplidas porque provienen de nuestras propias carencias personales. ¿No nos estaremos estancando en el pasado?Los padres se quejan de los docentes; los docentes de las familias; los educandos sienten falta de interés, ausencia de motivación. No ven nada qué merezca la pena y les aplasta el desánimo. Algunos recuerdan otros tiempos cuando los estudiantes tenían más ganas de aprender, preocupados por saber cosas nuevas… La culpa anda suelta y es lanzada sin tener ningún amo con el que detenerse.¿Y si miramos más allá? ¿Y si consideramos esta época con sus diferentes circunstancias?¿Y si vemos lo que ha dejado de ser válido para encarar la vida?¿Y si somos más comprensivos con los otros, con nuevos modelos y nuevas formas, sin entablar una lucha por el cambio sino acompasando lo que hay hacia lo que se avecina? ¿Y si diferenciamos entre educación y enseñanza?Es importante una reeducación, tanto de padres, madres, educadores...sociedad formada por individuos, para que mirando a los ojos de los más jóvenes podamos ver con facilidad su esencia única y personal, con cualidades que podemos ayudarles a potenciar. Si prestamos un apoyo basado en la experiencia pero no directivo, estaremos reforzando su autoestima e incitando a experimentar sin temor a decepcionarse o decepcionar. Probar esto o aquello que les guste, por muy peregrino que pueda parecer. Hay que generar Ilusión por la vida como una gran aventura que conlleva grandes sorpresas, unas alegres y otras con las que se comprueba la capacidad para seguir adelante. Abrir puertas hacia el corazón y desde él atravesar los obstáculos. Ese es el motor para crecer, crear, creer y avanzar…hacia donde tenemos que ir, para aprender. Agradecida porque las puertas se abre a medida que avanzo.

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